viernes, 14 de agosto de 2015

792.- CUCUTA, EN MEMORIA DE RICARDO OLANO, 1940



Ricardo Olano Estrada (Tomado libro Memorias 1935-1947)

Ricardo Olano Estrada fue protagonista principal de la transformación de Medellín a principios del siglo XX. Desde su papel inicial de comerciante, logró proyectarse en otros campos como la industria, la actividad urbanizadora, la dirigencia cívica y la política. Fue fundador de la famosa empresa Fósforos Olano. Presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas y de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, Concejal, director de la revista Progreso, planificador urbano, cronista del desarrollo acelerado de la ciudad a través de la publicación llamada Memorias.



Avenida 5a. Calles 11 y 12. A la izquierda el edificio del Banco  Bogotá, seguido del Edificio Morelli y mas al fondo el Banco de la República; A la derecha La Catedral San José una cuadra más abajo.

La ciudad

El 2 de diciembre de 1940, salimos de Pamplona hacia Cúcuta, por una carretera que baja suavemente por la orilla del Pamplonita. Llegamos a Cúcuta y nos hospedamos en el Hotel Internacional que tiene su edificio propio, estilo tropical, con piscina y todo el confort necesario.

Cerca del hotel está el Palacio de Gobierno Departamental, edificio nuevo de líneas armoniosas, sobre la avenida 5ª, amplísima y llena de árboles.

En esta avenida están los principales establecimientos comerciales y muchos cafés. Estos sacan sus mesitas a la espaciosa acera. Guardada las proporciones, en esa parte de la avenida 5ª se viene a la mente el recuerdo de los bulevares de París.

A poco llegamos al bello parque de Santander lleno de palmas y de otros árboles con la estatua del héroe, que es quizá la mejor de las que se han erigido en Colombia. Como dato curioso se ve en la sien derecha de la estatua el impacto de una bala que casi vuela la cabeza del Hombre de las Leyes en un combate de la última guerra civil.

El parque además tiene una fuente de bronce, una glorieta y otros adornos apropiados.

Frente al parque hay otros edificios  modernos, entre ellos el del Banco de La República. En un costado está la Iglesia Mayor, de buenas proporciones, pero aún no ofrece ningún atractivo especial.

Otro parque es el de Mercedes Abrego, en cuyo centro y flanqueada por airosas palmeras, se levanta la estatua de la heroína en actitud erguida y majestuosa.

Y hay otros parques: El de Antonia Santos y el de La Victoria.

Fuimos a tomar un refrescante al Club Tenis, que es el Campestre de Cúcuta, en el linde de la ciudad. Tiene un bello edificio aireado, canchas de tenis y de basquetbol, piscina y alegres jardines.

Y ya entrada la noche hicimos un paseo por la carretera internacional que va al límite con Venezuela, carretera amplia de 16 kms. de largo, bordeada de árboles. Sopla por allí una fresca brisa.

Pasamos junta a la casa donde nació Santander y más adelante, al llegar al puente, vimos dibujarse en la oscuridad la iglesia de la Villa del Rosario.

El puente sobre el río Táchira es de hierro, de 120 metros de largo y tan angosto que no cabe sino un automóvil. En su centro está marcado el límite de Colombia y Venezuela, y allí hay unas placas en que consta el nombre de los presidentes de las dos Repúblicas y el de los ingenieros que lo construyeron.

Pasamos a la orilla venezolana, al pueblecito de San Antonio. Anduvimos un poco por sus calles, desiertas a esa hora, y regresamos a Cúcuta.

Ya mencioné sus parques y hay que añadir que todas sus calles están arborizadas.

Además de los edificios de que hablé antes, tiene el nuevo Palacio Nacional, el del Banco de Bogotá, el que ocupa el Hotel Palacé, el de la cárcel Modelo, y muchos comerciales.

Hay en Cúcuta una buena fábrica de cerveza, buena plaza de mercado, hoteles confortables, varias iglesias, dos teatros, un Club del Comercio, acueducto, luz eléctrica, buen servicio de teléfonos que se extiende a todo el Departamento.

Al día siguiente, 3 de diciembre en la mañana, hicimos un paseo al sitio de la batalla de Peralonso acompañados de don Abelardo Madariaga, que estuvo en dicho combate.

A la vuelta a Cúcuta fui a visitar a don Rudesindo Soto y doña Amelia Meoz de Soto, los grandes benefactores de Cúcuta.

Don Rudesindo estaba enfermo y no lo vi. Me recibió doña Amelia, una viejecita encantadora. Le anuncié que la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín enviaba conmigo una tarjeta de oro para ella y su esposo, en reconocimiento de sus grandes hechos cívicos, medalla que esperaba entregarles en una de las sesiones del IV Congreso de Mejoras al que venía. Se manifestó muy agradecida.

IV Congreso de Mejoras Nacionales

En el  salón de la Asamblea, en el Palacio de la Gobernación, se reunió en Cúcuta, a las 8 de la noche del día 4 de diciembre de 1940, el IV Congreso de Mejoras Nacionales, con asistencia de los delegados de los diferentes departamentos.

Los delegados de Norte de Santander fueron: Representando la Sociedad de Mejoras Públicas de Cúcuta los doctores Luis Alejandro Bustos, Miguel García Herreros, Rodolfo Paccini, Rafael Jaramillo, Fabio Mendoza y Antonio María Durán, por la Gobernación los doctores  Aristóbulo Vergel y Víctor Ferrer Peñaranda, por el Concejo Municipal de Cúcuta doctores Jorge Soto Olarte y Emilio Gaitán M., por la Alcaldía de Cúcuta don Luis Eduardo Salas y por el Clero el presbítero Daniel Jordán.

Fueron miembros honorarios el Presidente de la República Eduardo Santos y el gobernador de Norte de Santander Darío Hernández Bautista.

Terminó la sesión aprobando una proposición de varios delegados, en que se rinda tributo de admiración a los esposos Soto Meoz, ilustres cucuteños que han hecho en beneficio de su ciudad donaciones e instituciones del más alto ejemplo cívico y humanitario.

Para aprobar esto, el presidente del Congreso pidió a los miembros que se pusieran de pie, y al ser aprobada, los delegados y la gran concurrencia que llenaba el salón, aplaudieron entusiastamente.

El Congreso tuvo 5 sesiones más y el día 8 de diciembre fue clausurado por el doctor Félix Enrique Villamizar Director de Educación Pública en nombre del Gobernador.

Compromisos sociales

El Congreso durante su permanencia fue invitado a diferentes actos:

-Inauguración de la nueva sala de cirugía del Hospital San Juan de Dios. Esta sala cuyo instrumental y equipos  son completos y modernísimos, fue donado por los esposos Soto Meoz.

El doctor Carlos Vera Villamizar dijo el discurso del caso, en el cual por insinuación nuestra, ofreció a los esposos Soto Meoz la tarjeta de oro que la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín obsequió a esos dignos exponentes del civismo. Se sirvió una copa de champaña.

Después de este acto, los delegados de Medellín se trasladaron a la casa de don Rudesindo Soto a entregar a los esposos la tarjeta. Encontramos allí un distinguido grupo de damas y caballeros. Doña Amelia presidía la recepción, a la cual no asistió don Rudesindo por estar enfermo.

Yo ofrecí el homenaje a doña Amelia en cortas frases y le entregué la tarjeta. Comisionado por ella, el doctor Luis Felipe Cabrera nos dio las gracias en un expresivo discurso. La reunión fue sencilla y agradable.

-Inauguración de la carretera al puente Internacional y a un cocktail-party en la Quinta Santander. Ternera a la llanera con su acompañamiento de yucas y papas.  Whisky, cerveza. Gran concurrencia. No hubo discursos.

La casa en que nació Santander fue destruida totalmente por el terremoto de 1875, y en su lugar, quizá sobre el mismo plano, se levantó la quinta actual que pertenece al señor Alberto Camilo Suárez.

Antes de esta fiesta habíamos visitado la Iglesia del Rosario  en donde se reunió el Congreso de 1821, que también fue destruida por el terremoto, y la parte que hay reconstruida, fue hecha por un cura de la Villa. En los muros hay algunas inscripciones en placas de mármol. Adjunto a la iglesia un pequeño parque con los bustos de Bolívar y Santander.

-Inauguración del Dispensario Antituberculoso, en la colina Bolívar, cerca de una columna que marca el sitio desde donde el Libertador dirigió en 1813 la batalla de Cúcuta. El dispensario ocupa un edificio moderno donado también por los esposos Soto Meoz.

El doctor Rafael Lamus Girón dijo el discurso alusivo  al acto y el presbítero  Jordán pronunció una bella oración.

-Baile de gala ofrecido por el Club del Comercio. Yo asistí un rato para conocer la sociedad cucuteña. Mujeres muy hermosas, espirituales y elegantes. Caballeros de gran distinción. Magnífica orquesta, orden completo.

-El doctor Emilio Gaitán Martín que es con el doctor Rafael Jaramillo, el arquitecto de las edificaciones que don Rudesindo Soto y su señora están construyendo para la ciudad de Cúcuta, invitó a la delegación antioqueña a conocer esos edificios que son los siguientes:

1.- El dispensario antituberculoso, que ya habíamos visitado el día de su inauguración;

2.-El manicomio, en las afueras de la ciudad, gran edificio que está casi terminado;

3.-El ancianato, en construcción, muy central, de grandes proporciones;

4.-El reformatorio de menores, en un gran lote de terreno, en los lindes de la ciudad. Faltan por construir algunos pabellones, pero los que hay prestan ya gran servicio.

Visitamos su interior; un buen número de muchachos limpios, bien vestidos, reciben allí su educación bajo una dirección competente (Director Ventura Bermúdez Hernández).

Dormitorios amplios y limpios, buen comedor, salones para clases, cocina moderna.

La cantina es un encanto. Está organizada en compañía anónima y los muchachos son sus accionistas. El valor de cada acción es de 20 centavos pero últimamente han subido de precio y se cotizan a 23 centavos. Yo las hice subir comprando una por 25 centavos. Esta es la única acción de compañía anónima que hoy poseo.

Tiene organizada una pequeña orquesta de chiquillos, que tocó algunas piezas en nuestro honor.

También han construido los incomparables esposos Soto Meoz, algunos pabellones en el Hospital San Juan de Dios. Estos pabellones fueron la primera obra que ellos donaron a Cúcuta.

Por muchos años los cucuteños ignoraron quién pagaba esos pabellones, pero al fin, inevitablemente, conocieron los nombres de los benefactores.

Estos siguieron y seguirán siempre haciendo sus donaciones sin ostentación, naturalmente, comprendiendo que ese es el más noble objeto en que pueden emplear su fortuna.

No tienen hijos pero sí numerosos sobrinos. A estos hacen frecuentemente cuantiosas donaciones.

Don Rudesindo Soto es cucuteño, pariente de don Francisco Soto, quien tanto sirvió en los primeros años de la república. Doña Amelia es de familia venezolana.

Iniciaron su fortuna en Cúcuta, la aumentaron después en Caracas y luego vivieron largos años en Europa. Se dice que don Rudesindo ganó grandes sumas en la bolsa de París.

Despedida

El Concejo Municipal de Cúcuta me envió un saludo con frases elogiosas y me declaró huésped de honor de la ciudad.

Debo grandes y cordiales atenciones personales al doctor Francisco Torres, a don Fabio Mendoza y señora, al señor Rodolfo Paccini, al doctor Miguel Isaza R., y al periodista Villalobos de Comentarios.

Para terminar este relato de mi permanencia en Cúcuta no puedo dejar de anotar este para mí simpático detalle: todos los caballeros a quienes me presentaban me decían que ya me conocían de nombre por mi propaganda cívica.



  


   Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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