miércoles, 20 de enero de 2016

877.- EL CAFE EN COLOMBIA INICIO EN VILLA DEL ROSARIO, NO EN SALAZAR



Silvano Pabón Villamizar


El café es la bebida universal por excelencia, se consume en todos los países del mundo. Como grano es una semilla que procede del arbusto del cafeto, una rubiácea que crece en climas cálidos y cuyo cultivo y beneficio es relativamente reciente.

Nos han dicho que el café se originó en Arabia, pero la verdadera patria del café fue Etiopía, en África Oriental, en un territorio llamado «Kaffa», de donde deriva su nombre. A la altura de la Edad Media los mercaderes africanos llevaron esas semillas aromáticas a la península de Arabia, país donde se inició su cultivo.

Luego, desde Arabia los peregrinos que iban a la Meca lo pasaron a Europa, a través de Egipto y Turquía, en tiempos del Imperio Otomano.

En Colombia la historia reconoce a los Jesuitas como los primeros en plantar cafetos, en la región del Orinoco, hacia 1732, dando crédito a la obra del Padre Gumilla “El Orinico Ilustrado”.

El cultivo se expandió por fuerza hacia territorio venezolano y hacia algunas regiones de Boyacá y Cundinamarca pero en forma muy incipiente.

Luego nos contaron que fue el Padre Francisco Romero, párroco de Salazar de las Palmas en 1834, el artífice de esta gran empresa, pues conminó a sus feligreses desde el confesionario, por vía de la penitencia, a la siembra de cafetos, y según el número de fornicios o la gravedad de los pecados les iba asignando la cantidad de matas de café que debían plantar para expiar sus culpas.

La historia del Padre Romero parece ser cierta, la cuenta Manuel Ancízar en su Peregrinación de Alpha, como cierta es también la réplica que de dicha penitencia hicieron otros clérigos de la época.

Lo que no resultó cierto, más bien otra mentirota de la historia regional, fue que haya sido Salazar de las Palmas la primera población en producir café para el mercado en Colombia; pues las plantaciones de café en Salazar se iniciaron en la década de 1830, en tanto que en las vegas y laderas de Villa del Rosario ya se beneficiaba café desde finales del Siglo XVIII y principios del XIX, registrando las primeras exportaciones del grano a partir de 1803.


En la última década del Siglo XVIII le llegó una plaga al cacao, una mancha amarilla que dañaba los frutos, dando al traste con esta actividad empresarial. Pero los cacaoteros de Villa del Rosario, San José de Cúcuta y el Táchira encontraron la manera de sustituir sus cultivos de cacao en desgracia por un nuevo producto, el café.

Así fue como una alianza estratégica realizada entre Don Pedro Chaveau, empresario francés en Nuestra Señora del Rosario, y Don Gervasio Rubio, empresario del Táchira, llevó a que implementaran en sus haciendas la plantación de cafetos con miras al mercado mundial ya establecido.

En 1803, además de Don Pedro Chaveau, hacendados de Villa del Rosario como Don Antonio Sánchez Osorio, Don Vicente de Medina y Don Andrés Entrena, entre otros, producían café de excelente calidad para el mercado, lo mismo que Don Vicente Bustamante y Don Nepomuseno Piedri en San José de Cúcuta, tal como lo muestra el Protocolo Notarial de Cúcuta.

Siguiendo la ruta del café desde que los Jesuitas lo plantaron por primera vez en los Llanos Orientales del Orinoco, su expansión vertiginosa por Venezuela, su llegada al Táchira por San Cristóbal y la actual población de Rubio a finales del Siglo XVII, así como su establecimiento en Villa del Rosario y San José de Cúcuta, puede verse su lento pero seguro desplazamiento por los ríos Pamplonita, Zulia y Peralonso, hasta su consolidación tres décadas después en Salazar de las Palmas a partir del Padre Francisco Romero y sus penitencias a los campesinos.

 


“En 1834 llegó a Salazar, en calidad de párroco, el presbítero Romero, y con el ejemplo, las exhortaciones y penitencias impuestas en el confesonario, logró que los vecinos plantaran árboles de café, que allí prosperan admirablemente, viéndose de continuo las matas cargadas de flor, fruto verde y cereza madura, de modo que jamás termina la cosecha”. Manuel Ancízar, Peregrinación de Alpha.

El mérito de la Plaza de Salazar, de la mano del Padre Romero, radica en haberse convertido en un polo de desarrollo agrícola cafetero para la segunda mitad del Siglo XIX y principios del XX, enviando cargamentos de café hacia Cúcuta para ser exportados por la ruta de Maracaibo, consolidando así la nación colombiana en el mercado mundial.

Todo al tiempo que lideraba la constitución de todo un territorio cafetero en estos Andes Orientales del antiguo Gran Santander. Con su extraordinario crecimiento generó la roturación de nuevas tierras, la formación de nuevos asentamientos humanos, dando origen a pueblos como Gramalote, Lourdes, Villa Sucre y Bucarasica, entre otros pueblos del café.
Casona construida en la Plaza de Salazar de las Palmas para acopio de café y desarrollo del mercado local de abastos para toda su región cafetera, consolidada a partir de mediados del Siglo XIX. Hoy no hay una mata de café en Salazar y para preparar el tinto que toman allí sus habitantes tienen que llevarlo de Cúcuta.

Esta historia de Villa del Rosario invita a pensar en las personas, en sus actores, los empresarios cacaoteros y cafeteros de aquel tiempo como Don Pedro Chaveau, Los Fortoul, Los Entrena, Los Villafrade, o los Omaña Rivadeneira, quienes con tesón y férreo emprendimiento utilizaron una crisis (la peste del cacao) como camino hacia el progreso con un nuevo renglón de la producción: el café.

Era una época de trabajo legal y denodado, mérito y decencia en los negocios, en virtud de lo cual consolidaron una élite honorable, realizando obras de interés comunal como el sistema de riego, construido al estilo románico, y el mismo Templo Parroquial, hoy ruinas de la Villa Histórica o Villa Antigua.

El Templo Histórico de Villa del Rosario, construido por Don Pedro Chaveau y sus vecinos entre 1798 y 1808, justo en los años en que el café sustituía al cacao como soporte de la economía regional. En 1821 sirvió de sede del Congreso de Cúcuta.

Definitivamente era otra época muy distinta. Nada que ver con ese comercio perverso, ilegal e inmoral que hoy se hace por la frontera.

Ni contaba con un empresariado y una clase política que es capaz de secuestrar las instituciones, el poder público y a la misma sociedad en función de sus intereses personales y de sus estrechos colectivos.

Ahora la pregunta es: ¿A qué hora se perdió el respeto y fuimos secuestrados por la indecencia?




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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