sábado, 3 de diciembre de 2011

100.- LAS CANTINAS DE CUCUTA

CARLOS HUMBERTO AFRICANO


A eso de las siete de la noche del día 15 de septiembre pasado me dispuse a ver los noticieros de la TV. Era como si estuvieran pasando el “replay” del día anterior, con más muertos, los mismos goles y las mismas muñecas. Cambio de canal en busca de otras opciones. Me detuve en uno porque estaba el Presidente de México, licenciado Vicente Fox, recitando un emotivo discurso. Recordé entonces que era el día nacional de ese hermoso país, tan caro a los afectos de nosotros, los de juventud acumulada. Recordé también que, tal vez por eso, mis amigotes estarían celebrando, reunidos en la casa de alguno de ellos.

 El Presidente seguía hablando mientras yo recordaba que México lo llevamos metido muy dentro de nuestros corazones, como estuvo metido en el corazón de la ciudad en los años 50 y 60, con su música oída en las cantinas o bares, y su cine visto en los teatros.

Por aquella época no existían ni el teatro Zulima, ni el Rosetal ni el Avenida. Estaban el Mercedes (calle 10, avenida 10), convertido después en teatro de cine X, luego en templo de “Oración Fuerte al Espíritu Santo”, y hoy en teatro de cine XXX; el Santander (calle 11, avenidas 3 y 4), ahora parqueadero; el Guzmán Berti (avenida 6, calles 8 y 9), derruido para construir el Centro Comercial Alejandría, y otros menores como el Astral y el Aire Libre (calle 10, avenidas 8 y 9), ahora sala de billares y “desnucadero”, respectivamente; el Buenos Aires (avenida 8, calles 4 y 5) y el Miraflores (calle 11, avenidas 13 y 14), hoy desaparecidos. En todos ellos el cine que se veía era el mexicano, de amores charrasquiados al despecho, recobrados con serenatas de rancheras y corridos.

De aquella época, queda en pie el Municipal, donde también se exhibía cine, en muy buena hora hoy rescatado para el teatro y los eventos culturales.

El discurso con voz emotiva pero monótona, la imagen del televisor, fija, y una poltrona cómoda invitan al relax. Qué somnolencia da.

Las imágenes cambiaron a una película por donde transcurrió nuestra juventud en medio de rancheras, corridos y huapangos, cantados en las rockolas de los bares o cantinas de Cúcuta, en esa explosión y auge que tuvo la canción y el cine mexicanos en los años 50 y 60, y que vinieron a tirárselos con el rock and roll, el twist y la balada; y con el tecnicolor y el cinemascope que, traídos de un poco más arriba de México, inundaron el ambiente de un “sofisticado modernismo” que acabó con la gracia y el olor a tierra mojada y campirana.

Allí, entre rancheras, corridos y huapangos, cantados por Jorge Negrete, Pedro Infante, Pedro Vargas, José Alfredo Jiménez, Antonio Aguilar, Luis Aguilar, Miguel Aceves Mejía, Cuco Sánchez, Javier Solís, Lola Beltrán, Amalia Mendoza y otros, estábamos el Presidente Fox y yo.

Invité al señor Presidente a recorrer la ciudad por entre las cantinas, en una noche de farra de sábado. Fuimos al Salón Luisa, un bar de inicio obligado en una noche de farra, ubicado en la avenida 10 entre calles 11 y 12. Pedí dos cervezas y un peso, en monedas de veinte centavos. Le expliqué al Presidente que, por una de esas monedas, sus paisanos nos cantarían tres canciones. El Presidente fue a la rockola y les pidió: a don Jorge Negrete, Yo soy mejicano y Méjico Lindo y querido, y, a don José Alfredo Jiménez, El Rey. “Palabra que sí”, dijo el Presidente, a lo mero macho.

Bajamos hacia el bar La Botella Dorada, en la esquina de la calle 11 con avenida 10, donde Fanny me esperaba. La reina dorada y adorada nos atiende con su dulzura. Tres cervezas se trae y se lleva una moneda para dedicarnos sus canciones, que se las pide a Javier Solís: Entrega total, Sombras nada más y Que se mueran de envidia. Canta Javier allá y ella a mi oído: Que se mueran de envidia toditos/ que critiquen la forma de amarnos/ que un amor tan sincero y bonito/ no lo rompe nadie así como así...

Enrumbamos por entre callejas empedradas y fuimos a dar al bar El Palenque, de la avenida 7 con calle 13. Queríamos oír a las hermanas Calle, y ese era su sitio preferido. Nos cantaron Ojitos verdes, La gaviota traidora, Puente roto, Mujer traidora y, no podía faltar, La Cuchilla (“de esas de afeitar”). A esa hora el nivel de alicoramiento ya era alto y cómo no  acompañar a Fabiola y su hermana: Ya lo sé, gaviota,/ que tu amor a otro/ le vas a brindar/ ya sé que sólo/ y mirando al cielo me vas a dejar/ si es así, gaviota,/ prueba bien tus alas/ y si estás segura/ échate a volar/ no más no me salgas/ de que a medio vuelo/ una de tus alas/ te empiece a fallar... Siguió el repertorio: Antonio Aguilar con El Hijo Desobediente y El Rayo, y remató Miguel Aceves con El Siete Leguas.

Volteamos luego hacia occidente y llegamos hasta el bar La Lucha, en la calle 14 con avenida 10, donde Cuco Sánchez nos recibió con La Cama de Piedra, Miguel Aceves con Sonaron Cuatro Balazos, y José Alfredo con Tú y las Nubes.

Salimos de allí para ir, un poco más arriba, hasta el bar Picaflor, situado en la calle 17 con avenida 10, a pedirle a Tony Aguilar La Calandria y Cuatro Caminos. Luego fuimos a parar al bar Rojo y Negro, que queda en la calle 10 con avenida 1. A esa hora el ambiente estaba en su apogeo: buena música, buen ambiente y mejor servicio. Entre salsa y música tropical pudimos oír a Javier Solís en un set completo: La media vuelta, Payaso, Cuatro cirios, Amor perdido, Retirada y Cataclismo.

Era hora de un “apoyo logístico”. Había que decidir entre los restaurantes Ben Hur, en la calle 11 con avenida 4, y Montes de Oca, de la calle 10 entre avenidas 1 y 2. Fuimos a uno de ellos. Bebimos varias cervezas y oímos mariachis: El Jinete, Ay jalisco no te rajes, Camino de Guanajuato, Mundo raro. A esa hora ya éramos cuates con el señor Presidente. El menú de la carta contenía platos internacionales. Mi compinche Fox quería algo distinto. ¿Algo cucutoche, mi cuate? ¡Pos, órale: claro! Y a LA PESA fuimos a dar, a comer “pichón” y “caldo de venas”.

En el recorrido de vuelta, pasaje por el bar Tienda Azul, en la avenida 10 con calle 6, otro sitio obligado en una noche de farra. Ameno ambiente, luces azules indirectas, invitan a oír a Leo Marini, Bienvenido Granda, Aldemar Dutra, María Luisa Landín y Carmen Delia Dipinni, en una tanda de boleros. El grado de licor y el buen ambiente nos recuerdan amores prematuros y despechos pasajeros. Cómo no cantarle a esos amores con Leo Marini: Señora bonita/ tiene algo en sus ojos/ tiene algo en su boca/ que al verla que cruza/ amor me provoca./ Señora bonita/ usted me castiga/ y aunque no me quiera/ le pido mil veces/ que Dios la bendiga./ Señora bonita/ su cara es dulzura/ mis brazos le ofrecen/ el discreto instante/ de una aventura...

Fuimos a parar luego al bar Gato Negro, avenida 11 con calle 9, donde los cantantes nos distrajeron con: Si tú también te vas, No soy monedita de oro y La Malagueña. Un poco más arriba, el bar La Bola Roja, calle 10 con avenida 10, al frente del teatro Mercedes. Allí se oye a Antonio Aguilar, El Aventurero; y a Lola Beltrán, Cucurrucucú paloma y El último trago.

Caminando por la calle 10 hasta la avenida 15, el bar El Satélite, luego una vueltica por La Alondra, avenida 15 con calle 12, para caer a La Góndola, calle 11 con avenida 16, a dedicarle de despedida a la Suescún, que vive enfrente, una serenata. Le pedí a José Alfredo que le cantara: Serenata sin luna, Las mañanitas y Serenata huasteca: Canto al pie de tu ventana/ pa’ que sepas que te quiero/ tú a mí no me quieres nada/ pero yo por ti me muero/ dicen que ando muy errado/ que despierte de mi sueño/ pero se han equivocado/ porque yo he de ser tu dueño...

No terminó la última pieza porque de pronto sonó El Jarabe Tapatío, y el Presidente Fox alzó la copa y brindó: “¡Viva México!, ¡viva México!, ¡viva México!”. Y mis amigotes también brindaron con tequila en mano y yo brindé con ellos, porque en ese momento desperté. Y empezó la fiesta mejicana en el televisor con brindis de tequila, juegos pirotécnicos, mariachis con sus vistosos trajes y tandas de tacos y enchiladas.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

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