miércoles, 14 de diciembre de 2011

105.- EL CEMENTERIO CENTRAL Y LEYENDA

Tomado del libro CITA HISTÓRICA de Luís A. Medina S. y otras fuentes








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Difuntos a los que les atribuyen milagros: Fabio Isaza ( El Mico ) y Antonio Yáñez. Cementerio Central                                                

El Cementerio actual, se estableció en 1885. El 20 de mayo de 1884, la comisión nombrada por el Concejo y compuesta del señor Alcalde Santiago Jordán, los señores Domingo Díaz, Arístides García Herreros, Rafael Antonio Ramírez y Félix Hernández, escogieron el sitio en la “planicie inclinada que quedaba al occidente de la población, entre el Callejón Grande, el camino que conduce a San Cayetano por el norte, y la colina que domina esa planicie por el occidente”, y acompañó el plano elaborado por el señor Francisco Andrade, hoy en día corresponde a la calle 15 con avenida 17 barrio el Contento.

El Cementerio que estaba funcionando en ese entonces, se clausuró debido a la opinión de (2 de febrero de 1884) los médicos, quienes conceptuaron que la epidemia de la fiebre amarilla era causada por el Cementerio, el cual fue cubierto con una capa de cal, para prevenir la contaminación.

Es curioso leer el Acuerdo No. 27 de 1923, que destinó un lote como “Cementerio Universal”, atendiendo la solicitud del Padre Demetrio Mendoza que no quería que se ofreciera “el espectáculo no decente de entrar por la misma puerta, el ministro de la verdadera religión y los de la falsa”.

Naturalmente los no católicos buscaron hueco aparte.

Interesante también, esta oferta de don Guillermo Ruan que propuso al Cabildo un contrato donde se estipulaban las siguientes cláusulas:

1a. Privilegio por 10 años para el servicio de alquiler de un carro fúnebre tirado por caballos.

2a. Prestar un servicio de 3 clases:
 
1ª “A todo lujo”, con caballos enjaezados fúnebremente, el cochero vestido de riguroso luto, plañideras y todo lo demás que sea propio para darle solemnidad al acto.

3ª “No había lujo alguno” y en la 2ª  era “el término intermedio”, ni tanto lujo ni tan poco.

Los precios eran de $24 oro para el de Primera, $16 oro para el de Segunda y para el de Tercera $8 oro.

Decía don Guillermo Ruan, que en Bogotá valía el servicio de Primera, $60.oo oro; y en Maracaibo $20 “macuquinos oro”.

Como apunte curioso para el año 1970, según datos estadísticos, se habían  sepultado en este Cementerio 94.072 personas.

Como caso de creencia o leyenda destaca los favores de Fabio Isaza. En la década de los 60’s, un hampón de profesión, acción y vocación asoló las calles de Cúcuta. Se hizo famoso por sus acciones delictivas y sus fugaz sagaces de la policía. La tradición oral le atribuye obras de caridad y milagros después de su muerte.

El Mico Isaza: un mito local. La tumba nunca está sola. Como hormiguitas que dejan su tributo, las personas se acercan al cubículo, lo visitan unos minutos y vuelven a salir, como quien hace una revisión de práctica. Infinidad de placas de agradecimiento de todos los tamaños forran la pared del fondo como un papel tapiz metálico resistente al tiempo, al olvido y a la profanación. Una cantidad de papelitos con caligrafías de todos los colores y letras bonitas y feas se escurren entre las rendijas de la urna de vidrio, también invadida por las miles y miles de señales de gratitud y ruegos por el descanso de su alma. No es ningún santo. No fue ningún beato ni mártir de las causas justas. No fue ningún líder ideológico ni caudillo popular y su tumba no se encuentra entre los panteones magníficos de los campos santos europeos. Es la tumba de un forajido y su lugar de descanso se encuentra en un costado del Cementerio Central de Cúcuta. Se trata de la tumba de Fabio Isaza Rincón, que lo único que hizo en su vida fue delinquir. No conoció otra forma de vida más productiva que el delito, actividad que ejerció desde su adolescencia.

No era cucuteño y no vivió en Cúcuta más que un par de años de su vida, en los que se dedicó a asolar a los habitantes y transeúntes del Valle de Tonchalá. Nacido en Girardota, Antioquia, Fabio se inició en los caminos del bajo mundo a la edad de trece años y empezó su carrera delictiva como salteador de campesinos y turistas en los caminos rurales del Valle de Aburrá. Se trasladó siendo aún muy joven a Medellín, donde se ganaba la vida de mala forma como atracador callejero. No pasó mucho tiempo para que la policía le echara mano y lo enviara a una correccional. Nunca llegó allí pues protagonizó la primera de sus múltiples fugas. Esa habilidad de escurridizo, de saltarse por los muros, los árboles, las rejas, los techos y las zanjas para huir de las autoridades de forma ágil y silenciosa, le granjearon una fama de ladrón hábil e incapturable y le propició el sobrenombre que lo haría no sólo famoso sino inmortal: El Mico.

El Mico llegó a Cúcuta huyendo de su amplio y rico prontuario delincuencial y sin más equipaje que los interminables robos y homicidios que pesaban en su espalda pero no en su conciencia. En Cúcuta encontró la base de operaciones de sus sueños. Era 1963 y la zona de frontera gozaba entonces de la alborada de una época de oro que la hizo famosa por su comercio binacional y que le mereció el título de ‘La frontera más viva de Latinoamérica’. Aprovechando las caravanas de turistas, comerciantes y compradores venezolanos cargados de sobrevaluados bolívares, extendió su red delictiva hacia el Estado Táchira y las poblaciones fronterizas. La vía que une a la capital del departamento con Puerto Santander, punto de partida hacia el puerto de Maracaibo le reportó sus mayores dividendos y duplicó con creces sus arcas, acciones y homicidios desventurados. Luego de probar una pésima suerte en una prisión venezolana, de la cual huyó, como lo hizo de todas las penitenciarías que lo acogieron, pues no hubo nunca muro ni celda capaz de detenerlo, se instaló finalmente en la ciudad, en un sitio que no podía ser más propicio para sus dominios: el antiguo sector de Miraflores, sede entonces del hampa organizada y sin organizar de la ciudad y aposento de ladrones, prostitutas y borrachines sin alma que salvar, que conformaban juntos la célebre zona de tolerancia de La Magdalena.

Fabio Isaza inspiraba miedo y respeto, y seguramente hubiese muerto como cualquier otro ladronzuelo de barrio, sin pena ni gloria, si no hubiese construido en vida una imagen de santo que lo acompaña hasta hoy día en el lugar de su eterno descanso. Las abuelas no se cansan de contar las acciones heroicas que El Mico realizó en vida. Cuentan que en alguna ocasión robó a un poderoso cambista de la ciudad, despojándolo de una cantidad de dinero tan grande, que le alcanzó para repartirlo entre la gente pobre de los barrios aledaños. Esa no fue su única acción benévola. Cuentan que Fabio Isaza, inteligente y sagaz por naturaleza, encontró la forma ideal de burlar a la policía escondiéndose en casas de familia que lo albergaban en el momento, agradecidos por demás, por el dinero o las joyas que entregaba a la dueña de casa en retribución a su lealtad. Fabio Isaza comenzó a construir desde entonces esa figura bonachona y filantrópica que no le permitió morir jamás y que lo eleva hoy día a la categoría de santo de pobres, leyenda de ricos e inspiración divina de delincuentes y malhechores. “Era una gran persona, un Robin Hood criollo, que robaba a los ricos para dar a los pobres. Él nunca se robó nada para el mismo, su preocupación era la gente pobre de la ciudad, de los barrios. Les daba comida, les pagaba las deudas, les llevaba dinero para sus necesidades y los defendía. Corría a los usureros que se aprovechaban de la bondad de la gente y no permitía ladrones en las calles” Es el testimonio de don Ángel Pérez Henao con su acento antioqueño, quien no le falla al Mico una visita una vez al mes. “Él no era de aquí pero vivió toda la vida en Cúcuta y aquí fue donde hizo todas las obras buenas. Luego de muerto empezó a hacer milagros. Mire, mire toda esa cantidad de plaquitas de agradecimiento. A mi me ha sacado de apuros económicos en varias oportunidades. Yo vengo y le rezo. Le pido el favor, le digo: hombre Fabio necesito esto, necesito tanto pa´ pagar este recibo, pa` pagar esta deudita, yo vengo después y te contento… y me hace el milagrito. Ya le tengo su plaquita y le traigo flores”.

“Yo puedo dar fé y testimonio de lo que Fabio Isaza ha hecho por mi”, cuenta doña Francisca. Habla del Mico con la solemnidad con que se habla de un santo. Recuerda cuando fue la primera vez que vino a su tumba. “Eso fue hace como seis años. Yo soy muy pobre. Mis hijos no están aquí. Sólo una hija que vive aquí pero vive lejos y es más pobre que yo. Me iban a sacar de la casita que tenía en arriendo en la parte alta de Gaitán. Vine acá y le pedí que me hiciera el favor y me socorriera. Por esos días me llegó un giro de uno de mis hijos que vive en Ibagué, y que nunca me enviaba dinero. Pague una parte de la deuda y el señor se apiadó y me perdonó la otra”. “En otra ocasión me iban a cortar el agua porque debía 40 mil pesos y me hacían falta 10 mil. ¿Yo de dónde sacaba esa plata, si con esa plata comía? Le pedí al Mico que me hiciera el favor, que interviniera por mi ante todos los santos para que no me fuera a quedar sin agua. Así fue. Mi hija vino y me pagó el recibo. A mi me quedó toda la plata y con eso pude comprar mercado y traerle unas flores a la tumba. Estoy muy agradecida con él”.

Fabio Isaza Rincón fue alcanzado por las balas de la policía en la madrugada fortuita del 24 de Agosto de 1964. Ese era su destino y así debía ser su muerte. No caería nunca en una cárcel y no moriría de viejo. Esa madrugada se acabó su vida y nació su leyenda.




Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

3 comentarios:

  1. visitar el cementerio de cucuta es toda una experiencia inolvidable, es una edificacion de larga data, una tanto deteriorada por el paso de los años y por el olvido de algunas personas que se dejaron a sus deudos en el cemeterio y no volvieron a visitarlos, existen historias de historias, aquellos recuerdos de los domingos donde una vez que se visitaban las tumbas uno se podia deleitar con unos ricos pasteles de yuca y un buen vaso de mazato..cosa que ya no existe. visitar el cementerio ofrece sensasiones agradables,,,no da miedo, mas bien se experiementan sentimientos agradables, encontrarse con tumbas de larga data, en las cuales se encuentra la foto del difunto, con frases hermosas de sus familiares, mitos de difuntos que hacen milagros, como el caso del mico isaza, carmen cecilia perez entre otras. encontrar en la entrada cantidad de gente que vende sus florez como su unico sustento, ademas que desde ese punto geografico usted puede divisar parte de la ciudad de cucuta, destacando a un extremo la estatua de la virgen de fatima en la montaña.
    venga a Cucuta, pidale a un taxi que la lleve al cementario central y experimente aquellas sensaciones inolvidables, que gente como yo, que se encuentra en el exgterior siente...cada vez que visitamos a nuestros seres queridos alli en ese cementerio. Jherrera

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  2. Es un auténtico museo con esculturas bellas de genuino mármol.
    leyendo las placas allí están los nombres y apellidos de los ciudadanos que forjaron esta ciudad.
    Histórico arquitectura y sabiduría.

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  3. Es un auténtico museo con esculturas bellas de genuino mármol.
    leyendo las placas allí están los nombres y apellidos de los ciudadanos que forjaron esta ciudad.
    Histórico arquitectura y sabiduría.

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