martes, 23 de septiembre de 2014

637.- LA LUCHA DE LOS PORTEROS LOCALES DEL CUCUTA DEPORTIVO



Pedro Jáuregui Avila


La mayoría de la gente que asiste a un estadio de fútbol va con la intención, por lo general, de aplaudir a los delanteros, mediocampistas, defensas, de pronto al portero, y a recordarle el ser querido al árbitro si considera que sus determinaciones no favorecen al equipo de casa.

La adrenalina de ciertas situaciones y los equívocos de un portero de fútbol, son disparadores para que el público reaccione en su contra. 


Un portero puede ser el héroe de un compromiso durante 89 minutos y en el siguiente pasar a ser el villano para convertirse en el centro de todas las iras. 

A los demás jugadores se les perdona todo, mejor dicho casi todo, menos a un cancerbero porque su equivocación es en un alto porcentaje la causa de un gol en contra y de una derrota.
  
El portero colombiano René Higuita, quien en la Copa Mundo de 1990, en Italia, le ‘regaló’ al delantero de Camerún, Roger Milla, el tanto que a la postre le significó la derrota (2-1) y la eliminación en octavos de final del combinado que dirigía Francisco ‘Pacho’ Maturana.

El portero es como un preso que no tiene derecho a apelar cuando se equivoca, más si el balón se le pasa por entre las manos o las piernas, en el último suspiro.

Por todo lo anterior, si hay un puesto maldito para los jugadores de fútbol es la de arquero y en especial si son de Norte de Santander.

En la década de 1950 –cuando se iniciaba el fútbol profesional colombiano- y en las siguientes, estuvieron Luis Enrique ‘Terremoto’ García, Carlos Arenas, Pablo ‘Tarzán’ Mendoza y Gonzalo Escolar, llamado ‘el arquero suicida’, quienes siendo buenos para la época, se encontraron con el ‘Niño’ Juan José Tulic y  Washington Barrios, que aunque también buenos eran extranjeros, una situación que los acreditaba casi que a jugar automáticamente, según el concepto de los directivos y del antioqueño Gabriel Mejía.

Luego llegaron Jesús ‘Chucho’ Hernández, ‘El Loco’ Helí Rubio, Isidoro Rodríguez, Jorge ‘El Tierno’ Blanco,  Armando Santafé, José Antonio ‘El Chato’ Ortega, Omar ‘Pajita’ Sayago, Jesús ‘Chucho’ Criado, Miguel Núñez, Daniel Gómez y Leandro Castellanos, quienes debieron luchar por el puesto con los extranjeros Mario Thull, Miguel Ángel Sánchez, Jorge Roganti, Omar Valentín Vargas, Jorge Drago y Luis Alberto Landaburú y los nacionales Alejandro Sinisterra, Heriberto Solís,  Absalón Oviedo, Alfredo Griego, James Mina Camacho, William Mosquera y Robinson Zapata.

Era una contienda desigual debido a que el foráneo siempre tenía la ventaja. 

Pese a todo, de vez en cuando llegaba la oportunidad, por lo que había que aprovecharla a como diera lugar.


El ¨Chato¨ Ortega

Veamos el caso de José Antonio ‘El Chato’ Ortega, quien nació el 19 de abril de 1945 en el barrio El Llano, en la avenida 9 No. 8-70, a pocos metros del parque Mercedes Ábrego. 

La primaria la cursó en el Instituto Salesiano. Empezó el bachillerato en el Sagrado Corazón de Jesús de Cúcuta, pero luego la familia lo envió al Provincial de Pamplona, donde cursó el 4º y el 5º, terminando el ciclo en el Sagrado.

Estuvo en las filas de la Marina donde prestó el servicio militar en Cartagena. Concretamente, en el destructor 7 de Agosto, un barco armado en Noruega. 


Estudió dos semestres de Trabajo Social en la Universidad de Caldas y  uno de Antropología en la Universidad Nacional.

Fue seguidor del cura Camilo Torres Restrepo, sacerdote católico rebelde que abandonó los hábitos y se fue al monte con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (Eln). Camilo murió el 15 de febrero de 1966 en Patio Centro (Santander), en la primera experiencia en combate contra las tropas de la Quinta Brigada de Bucaramanga que comandaba el coronel Álvaro Valencia Tovar.

“Era de la línea marxista-leninista, participaba en protestas y pedreas. Vivía en las residencias 10 de Mayo de la Universidad Nacional, en Bogotá, de donde me sacó un buen día el Ejército para tenerme detenido 24 días en la Brigada de Institutos Militares porque me consideraron subversivo”.

Tras esa experiencia, regresó a Cúcuta y se dedicó a jugar fútbol, llegando a ser parte de la nómina de las selecciones Norte y del equipo profesional.

“Jugué en las selecciones que disputó los torneos de Bucaramanga (1965), Cali (1966),  Girardot (1968) e Ibagué (1970) y de ahí pasé a trabajar con las reservas del Cúcuta Deportivo”.

“En 1972 me ascendieron a la profesional. Era el tercer portero porque Alejandro Sinisterra estaba que se retiraba. Por delante estaban Miguel Ángel Sánchez, que era muy bueno, y ‘El Loco’ Absalón Oviedo. Alcancé a jugar siete partidos”.

“Debuté contra Atlético Nacional en el Atanasio Girardot de Medellín. Perdimos (1-0) con gol de Jorge ‘Tato’ González. El sueldo no era  bueno pero uno se cuadraba el mes llevando mercancía de contrabando”.

“El fútbol de esa época no le dejaba a uno nada. Solo amigos. No era un negocio lucrativo. Había dinero, pero se lo llevaban los extranjeros. Al principio no me fijaba mucho en eso porque estaba engolosinado con el fútbol, pero un día reaccioné y me retiré”.

La vena del fútbol seguía intacta e hizo parte de varios equipos. El que más recuerda fue el de San Lorenzo de Sevilla, con el que ganó en 1976 el título de la Primera Categoría, en un juego que terminó sobre la medianoche.

En la final los de Sevilla derrotaron (5-4) en cobros desde el punto penalti a Viejo Tango.  El partido terminó empatado a un gol y en la definición desde los 12 pasos le atajó el lanzamiento a Mario Hernández, quien tenía fama de no equivocarse en los cobros.

Cerró su vida deportiva en el Nariño de Aguaclara.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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