PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

domingo, 30 de marzo de 2014

546.- JOSE E. ABRAJIM ELCURE: UN CUCUTEÑO EXCELSO


José Pablo Tarazona Montañez



Con sus hermanos Antonio y Teresa y su mamá Doña Nayibe en 1929. Estaba en los 7 años de edad.


Empieza a clarear el siglo XX sobre la ciudad fronteriza de San José de Cúcuta, azotada por el terremoto un cuarto de siglo antes de acabar el XIX, y la reconstrucción de la muy noble y leal villa, ha corrido por cuenta de esa generación pujante a la cual se incorporan legiones de inmigrantes que ven en su comercio próspero, la forma de iniciar su economía familiar, para lo cual se apuntalan en la gran ventaja  comparativa y geográfica de conectarse al mar, saliendo de Cúcuta antes del terremoto, hasta el Puerto de Los Cachos sobre el río Zulia, y posteriormente por el camino de San Buenaventura hasta lo que hoy es Puerto Villamizar, y de allí mediante la navegación de los ríos Zulia y Catatumbo hasta llegar al Lago de Maracaibo, y precisamente sobre este camino se decidió tender los rieles del ferrocarril a partir de 1876, lo cual fue determinante para la entrada a la región de todas las mercaderías producidas en los centros manufactureros europeos, así como los adelantos tecnológicos, con las que la floreciente ciudad descolló en el ámbito nacional, con facilidades para la vida humana de las que carecían las demás ciudades colombianas, asumiendo el papel de capital del departamento Norte de Santander a partir de su creación en 1910, tras ardua lucha de sus estamentos ciudadanos en contra de los intereses de la capital de Santander que no quería dejarse arrancar tan codiciada presa.

El crecimiento demográfico es de tal magnitud, que pese al desastre natural, a comienzos del siglo XX cuenta con algo más de 15.000 habitantes, los cuales crecen al doble en los siguientes 15 años, triplicándose al cabo de 10 años, y en 1938 ya era una ciudad de poco menos de 60.000 almas, con la dinámica propia de las ciudades comerciales y que además contaba con el aliciente de ser el cruce de caminos, antaño entre el virreinato de la Nueva Granada y la Capitanía General de Venezuela, y para la época la zona fronteriza colombo-venezolana, epicentro de las actividades económicas y sociales del oriente colombiano y pujante región movida por el comercio y el intercambio de productos.

De oriente nos llegaron los Abrajim, los Sus, los Brahim, los Amat, los Gossain, los Hellal, los Nader, los Haddad, los Turbay, y toda la invasión de ‘turcos’ sucedida antes de la primera, y entre las dos guerras mundiales. Unos vendían batanería a domicilio y otros...

Y es este Valle de San José de Cúcuta, que lo ve nacer el 7 de Julio de 1922, en el seno de una familia conformada por una pareja ilustre de inmigrantes libaneses, donde su padre don José Abrajim Elcure, llegado de tan lejanas tierras con su hermano Aziz, donde encontró fértil tierra para sus actividades comerciales, y el amor en doña Nayibe Elcure Saldivia (su prima), de su sangre, pero nacida en Barquisimeto (Venezuela), y la cual haciendo honor a su cuna, era dueña de exquisito espíritu musical que volcaba en el teclado del piano, instrumento que interpretaba con donosura, lo cual heredó a su hijo en los primeros años de su vida, infortunadamente ausente cuando nuestro bardo contaba solo 7 años, ya que su vida le fue arrancada en un accidente automovilístico, ocurrido en las curvas de Carora, Estado Lara, en el tórrido mes de Agosto de 1929, absurda paradoja en la vida de la familia, que así ve signada con el fatalismo de la orfandad materna, su devenir y posterior formación de los infantes miembros de la saga Abrajim Saldivia; el maestro y sus hermanos pasan a ser educados bajo la férrea disciplina de la abuela materna, doña Esther Saldivia, quien a su vez era hija de madre siria, y el carácter severo del maestro, encuentra aquí su explicación.


Al piano ya al final de su vida.

La familia vivió en la ciudad en la hermosa casa donde hoy labora el periódico La Opinión cruce de la calle Zea (calle 16), con la avenida Venezuela (avenida 4ª), la cual conserva el nombre de Quinta Yezmín, en amoroso recuerdo de sus padres a su primogénita. 

Frente a ella pasaba el tranvía de Cúcuta en su continuo recorrido hasta la Estación Sur de San Rafael, junto al puente Benito Hernández Bustos.

Así cuenta el cronista al hablar del recorrido del tranvía por esta parte de la ciudad, “…la carrera de Venezuela entre las calles de Soto, Delhuyar, Zea, Márquez y Castillo y Rada es zona residencial de conspicuas familias…”, y más adelante describe a sus burgueses habitantes, “… en el cruce con la calle de Zea, a un lado la Quinta Cogollo, antes Quinta Steinworth, residencia de Arturo Cogollo, y al otro, la Quinta Yezmín, de José Abrajim (Elcure)… más al sur, por la acera de enfrente, Pedro Felipe Lara, destacado “entrepreneur”… ahí están saliendo sus hijos para misa: Alfonso, Guillermo, Enrique, Hernando, Alfredo, Marina, Laura, Lucila …. Y en la esquina José S. Cortés … sus hijas fundarán un colegio para niños …. Se llamará el Domingo Savio …”. Es así como se encuentra en el vecindario, quien más adelante sería su esposa.

Como se dijo antes, eran sus hermanos: Yezmín, Josefina, José Elcure, Antonio, Consuelo y Teresa. 

A los 9 años de edad es enviado a Beirut, capital del Líbano, la tierra de sus mayores, a continuar sus estudios, posiblemente el ojo paterno avizoraba el espíritu artístico del vástago, y considera que el contacto con su linaje primigenio, posibilite el ensanchamiento de sus expectativas musicales e intelectuales y magnifique el potencial que dejaba entrever a su corta edad.

Es así como la desmesura de la cultura milenaria a la que arriba, le amplía el panorama a este recién llegado que a la vuelta de cada esquina descubre cosas nuevas y se siente invadido por el recuerdo atávico de sus costumbres ancestrales y cree que siempre ha pertenecido a esta tierra y se reconoce en sus costumbres, sus creencias y su espiritualidad, por lo cual esto es al cabo de poco tiempo, un reconocimiento de la etnia propia y se siente no como recién llegado, sino como el de haber vuelto a su solar nativo.

Matrimonio con Mercedes Cortés en 1955.


Este período de vida de nuestro personaje, trae implícito la tarea del aprendizaje de su lengua original y la del país colonialista que ocupaba esta tierra, a la sazón era Francia, además debemos contextualizar la formación del artista, en un país mediterráneo, que hace parte de la cuna del mundo, con ciudades-museo como la nombrada y sufrida Beirut su capital, el puerto fenicio de Tiro, que contempló el asedio y la grandeza de Alejandro el macedonio, que acrecentó su fama como centro cultural, la ciudad de Sidón, capital del mundo 10 siglos antes de nuestra era, rival de Tiro, y famosa por sus necrópolis, lo mismo que Trípoli, el legendario puerto; ciudades estas que explotaban ante los ojos asombrados del recién vuelto, con toda la magia de sus mil y una noches, sus olores a especias y su cargado ambiente ruidoso, vocinglero y coloquial.

Encuentra una civilización con costumbres sanas, formada por seres bondadosos, generosos, apacibles y sencillos que lo acunan con especial cariño, no obstante las convulsiones de telúrica social y política que la acometen. 

En este espacio vital pequeño, tan lleno de cosas viejas pero nuevas al tacto de nuestro artista, comienza a desarrollar su reaprendizaje rodeado del ambiente familiar de su parentela, empezando este proceso por renombrar tantas y diversas novedades que excitaban su curiosidad y forzaban a su espíritu a entrar en diálogo con nuevos saberes y la fantasiosa imaginación a descubrir nuevos escenarios en donde transcurrir su vitalidad juvenil.

La familia paterna cuyo apellido era realmente Tebshraney, lo que comprobamos con el diploma de membresía a la Logia Masónica Leones del Líbano, provenía de la zona rural de este país, localizada al nororiente del país, en la parte montañosa denominada Bteghrine, y la cual es referenciada como Betegrin en el Diploma expedido a nombre de su padre por la Respetable Logia “Estrella Boreal No. 9”, al Oriente de Cúcuta, el 18 de Marzo de 1916, cuyo texto colocamos más adelante.

Aún sin terminar secundaria se inscribe en clases de violín en el College du Sacre Coeur de Beirut, aunque simultáneamente adelanta sus estudios de piano, el instrumento fundamental en su vida. 

A los 20 años forma parte de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Americana de Beirut, uno de los grupos orquestales más importantes del Líbano de esa época, y en su carácter de músico de avanzada pertenece a un grupo de jazz de ese mismo centro.

Recién termina la segunda gran guerra, ocurre un suceso trascendental en el medio oriente cual es el nacimiento de Israel, corre el año de 1948, y se agrega un nuevo elemento de tensión a esa zona, evento este que hace pensar en la vuelta a su América lejana y es así como emprende el retorno a la patria, pasando antes por Nueva York, atendiendo la invitación a tocar con una gran orquesta en esa ciudad, en donde pasa un tiempo, y a los 30 años se encuentra nuevamente en su ciudad natal, lugar en el cual hay conjunción de espíritus e ideales y forma parte del grupo de quijotes que da origen a la Orquesta Sinfónica del Norte de Santander, junto a Pablo Tarazona Prada, Angel María Corzo, Rafael Pineda Solano, Víctor Ramírez, Saturio Rangel, Víctor Manuel Guerrero y tantos otros músicos raizales, interpretando la viola del grupo de cuerdas.

En los 50 en Cúcuta frente a la Alcaldía.


Para ese entonces ya cuenta con una extensa producción que incluye boleros, baladas, conciertos para piano y orquesta y piezas sinfónicas, producto de su formación académica, la cual con el tiempo se ve enriquecida por bambucos, paseítos y muchos pasillos, en los que se refleja lo más sublime de su alma de compositor.

En su caluroso valle se dedica a divulgar su música y se empeña en dar a conocer a propios y extraños, la música de otros compositores colombianos; para ello realiza una serie de conciertos con el pianista italiano Humberto Blondeth y con el formidable pianista y entrañable amigo, el compositor pamplonés Oriol Rangel. La conjunción de estos astros musicales llenó el aire regional de sonidos acordes con sus intérpretes, y melodías que aún resuenan en el recuerdo de quienes tuvieron el privilegio de conocerlos y aplaudirlos.

Transcurre el año de 1955, cuando el amor toca su corazón y junta su vida a la de la ilustre matrona Doña Mercedes Cortés, quien vivía cerca a su casa (ya lo habíamos considerado al citar lo escrito por el cronista del tranvía), aplicando el aforismo de “ … cásate con tu vecina, porque la conoces.”; y es así que el 24 de Abril del citado año llegan al altar, resultando la conjunción de una pedagoga musical y de un consumado compositor, de cuya unión, retoñan sus hijos José Ricardo y Silvia. Doña Mercedes vive en la ciudad de Mérida.

El reconocimiento de su talento es tal, que sus obras han sido interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Colombia y la Filarmónica de Bogotá, también por diversas agrupaciones musicales nacionales, y por pianistas de la talla de Harold Martina, Oriol Rangel y Beatriz Acevedo Meza, notable pianista cucuteña.


Certificado masón de José Abrajim padre.

“Gozó de exquisita inspiración hasta los últimos años de su vida,”… y su vida cotidiana en el Cúcuta calorífico, bonachón, despreocupado, tranquilo, durmiendo sobre sus laureles de antigua capital de la Gran Colombia, no dejaron cuajar en José ese extraordinario artista que había en él. 

El músico completo: virtuoso, compositor, crítico. En el medio archiculto de París hubiese resonado muy alto. Pero él se había desposado con Cúcuta lugareña, amorosa, intrascendente. Solo el calor, la conversación, los amigos, resonaban en su alma melódica. 

Renunció a los conspicuos escenarios sin dolor, y tal vez con el alma adolorida, partió con su música de la Cúcuta que lo tuvo como uno de sus hijos dilectos.”

Si analizamos detenidamente el párrafo anterior, se puede leer entre líneas una crítica suprema al medio cultural en que vino a vivir, el cual no permitió el pleno desarrollo de las potencialidades creativas del joven músico, sino que hace una comparación rimbombante con el medio “archiculto” de la metrópoli francesa, y tal como le sucedió al también maestro Pablo Tarazona Prada, sucumbieron ante los cantos de sirena de su estrecho medio cultural local y del círculo de amistades, antes que salir a buscar mejores campos para dar rienda suelta a su inspiración; pero también debemos pensar que si esto hubiera sucedido, no los sentiríamos tan añejamente nuestros, ni estarían tan cerca de nuestra alma regional, o quizás se empecinaron en intentar hacer germinar en este medio las raíces musicales con que los había dotado natura. Puso música además, al himno del Gimnasio Domingo Savio, institución regentada por la familia Cortés, y en la cual su esposa fue durante muchos años, docente musical.

De todas maneras, sus obras denotan especial belleza en la unión de melodía y armonía con el uso maestro del contrapunto y la composición. En la Voz de la Gran Colombia tuvo por los años de finales de los 70, un programa musical denominado Horizontes Musicales, desde el cual se propuso llevar a la comunidad cucuteña, su música y la de los grandes compositores nacionales, labor en la cual se vio acompañado por instrumentistas como Alberto Eusse, Daniel Cáceres y Héctor Vianchá, quienes supieron calibrar el tamaño de la empresa que acometía el maestro, y acudieron en forma solidaria a brindarle la debida colaboración.



De su aprendizaje musical y espiritual, cuenta el último de los nombrados, “… cuando lo vi por primera vez andaba en los sesenta, y cojeaba un poco de la pierna izquierda (¿producto tal vez de una artrosis?), el dedo corazón de la mano derecha no respondía muy bien y la nariz tenía un tono rosáceo; pero lo más notorio era esa voz áspera y la tos seca que le acompañaba (finalmente el cigarrillo hizo lo suyo).

Yo andaba por los veinticinco y tenía en mi mente los éxitos roqueros de Santana, Ten Years After, Joe Cocker y todo el elenco de Woodstock 1969. Aparentemente dos personas totalmente opuestas; pero nos unía un sentimiento profundo por la música colombiana del interior como se llamaba en ese entonces y que ahora lleva el eufemístico nombre de música colombiana andina. 

Nocturnal Colombiano y Los Maestros habían forjado mi idea musical con ayuda de los Hermanos Martínez a través de Radio Santa Fe, aprendiendo empíricamente los fundamentos de la guitarra y el tiple y la amplia gama de ritmos colombianos. Y venir de pronto a encontrarme con el hombre que había creado “Lo que el viento se llevó”, uno de mis temas favoritos, fue como conocer a una estrella del rock o algo así.

El arquitecto Juan José Yáñez realizaba tertulias muy amenas en Salazar y no sé en qué momento me pidieron lo acompañara en una presentación. Aquel encuentro fue el inicio de una gran amistad que me sirvió para conocer al poeta y al músico que ha estado olvidado en los anales de la historia nortesantanderana. Sin duda Juan José fue uno de los mecenas que más solicitudes hizo en el tiempo en que lo acompañé en sus presentaciones.

No solo componía pasillos, bambucos y otros ritmos con la sapiencia que le habían dado sus estudios musicales en Roma (sí, la Roma de los Césares), sino que su vena poética llegó de idéntica manera. Los boleros no le fueron ajenos y la lírica impecable de sus letras hace ver a un hombre de una gran ilustración y humildad. Fue como pocos, MUSICO, POETA y ¡No señor! nada de loco, los pies muy puestos en la tierra que fue su primer amor y a la que pese a su ancestro del medio oriente dedicó su vena musical y poética.

Sin los recursos de Mozart o Schubert para los poemas sinfónicos, ni la vena depresiva que inunda las obras de Luis A. Calvo creó un poema musical de hondo sentimiento en “Lo que el viento se llevó”. La primera parte es el reflejo de una tristeza profunda, que es narrada con gran melancolía en la segunda parte, en el primer cambio de tono; el desenlace es en una alentadora tercera parte en subdominante, que nos deja ver que la esperanza no se ha perdido y que se puede recuperar LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ.”

Nació para la posteridad el 12 de Abril de 1986, en su tierra cucuteña en donde cantó tantas veces al amor y a la vida, con esa exquisita sensibilidad que lo caracterizó, por lo cual formó parte del paisaje humano y espiritual de la ciudad, incluso de su perspectiva tropical y dulzona, y que hizo exclamar a Manuel José Cabrera, su coterráneo y vecino desde su púber existencia, que “….. Si bien no puedo presumir de crítico musical me parece que la producción de José Abrajim se clasifica entre lo clásico, y así aceptada, de alta calidad además, y como tal tendrá muy buena acogida en ámbitos de la misma Europa, como en América, si nuestras embajadas se proponen divulgar que existe tan valiosa producción artística colombiana”.

Y además catalogarlo con un adjetivo calificativo en grado superlativo “José Abrajim, un cucuteño excelso”.


Foto posiblemente cuando estudiaba en el colegio Sagrado Corazón de Jesús a principios de los 30. José Abrajim de pie primero de izq. der. y su hermano Antonio hincado al centro


AGRUPACIONES MUSICALES EN SU VIDA

Esta faceta del artista como integrante de grupos musicales, es harto compleja, ya que debido a su carácter bastante serio y adusto, aun cuando sus conocidos como el Dr. Agustín Guarín no dudan en calificarlo de “hombre cálido, expresivo y musicalmente muy bien dotado…”, no lo hicieron partícipe de grupos musicales en la ciudad, solo podemos hablar de las orquestas con las cuales tocó en su juventud, tanto en el Líbano como en Norteamérica. 

Anotamos que el maestro Abrajim no vivió enteramente de su arte, lo cual no lo obligó a contar con agrupaciones musicales, sino se limitó a tocar y dar muestras de su categoría interpretativa y de composición, al reducido círculo de sus amistades que pertenecían a la parte más íntima de sus querencias.

Como se ha expresado anteriormente, perteneció a la Orquesta Sinfónica del Norte de Santander, y la Dirección del Conservatorio le fue ofrecida en 1970, cargo que declinó para no prestarse a los juegos burocráticos de los dueños para ese entonces de la cultura burocratizada; como un consumado bohemio, tocó tanto al lado de los consagrados, como de quienes quisieron acompañarlo en ese sueño infinito de dar a conocer nuestra música vernácula, tal como el grupo que hizo el programa Horizontes Musicales en la Voz de la Gran Colombia, durante una corta vida de algo más de 2 años alrededor de los 80, y sobre todo el círculo íntimo de sus amigos del alma, con los cuales dio rienda suelta a su inspiración y destreza al piano.

ASPECTOS RELEVANTES DE SU MÚSICA

La mayor parte de su producción musical está compuesta para piano. Varias de sus composiciones están acompañadas de letra, por él compuesta, en las cuales se muestra como el poeta escondido pero tantas veces recobrado, para mezclar con las melodías de la divina Euterpe, las palabras de los dioses y de los hombres cuando queremos mostrar a la amada lo mejor de nuestra alma enamorada.

Cultivó diversos géneros musicales, todos posibles en un artista dotado de sus capacidades, pero sobresalen sus pasillos, boleros e intermezzos, casi todos de ritmo lento, con una pausa deliciosa en los silencios, nostalgia de lo vivido y de lo amado; no debemos olvidar que “La música, es el arte de oír …. el silencio”. No cultivó mucho el bambuco aunque conocía el discreto encanto del bambuco nortesantandereano, con un compás de ¾ inserto donde ningún compositor del interior lo ha logrado.


Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

No hay comentarios:

Publicar un comentario