miércoles, 13 de abril de 2016

919.- DON FRANCISCO MÖLLER COTE Y LA DONJUANA



Walther Camilo Cámaro Carvajal

FRANCISCO MÖLLER COTE fue el pariente más cercano que conocimos en nuestra niñez: fue todo corazón y cariño para quienes se acercaban a él. Fue generoso hasta la saciedad y regaló parte de su herencia con la idea de organizar el terruño al que acababa de llegar a tomar posesión de una parte de su herencia. Sus hijos, y nietos saben de la ternura del padre y nono cariñoso que fue y de su capacidad para dar amor paterno. Entonces lo que se pueda agregar es redundancia…


Don Francisco Möller Cote

Se recuerda que por el año de 1928 se celebraban oficios religiosos en la casa que hoy es de propiedad del señor Roque Julio Sánchez en el caserío de La Donjuana en el municipio de Bochalema. La casa tenía un antejardín amplio y hacia el fondo de ese patio anterior se entraba a la sala por un corredor exterior.

Esta casa pertenecía a don Escolástico Galvis y por sucesión, posteriormente, a don Anatolio Álvarez. Uno de los sacerdotes que asistió a esta casa a celebrar misa y otros ritos católicos fue el padre Joaquín Luna Serrano, quien años después fundara en Bogotá las famosas Granjas Infantiles del Padre Luna. El padre Luna era buen amigo de Pacho Möller y por eso asistía a La Donjuana.

Es conveniente recordar, que tomando como referencia el camino real (carretera actual que comienza cuando se deja la vía Cúcuta-Pamplona vía La Donjuana y Durania) hacia el oriente los terrenos pertenecían a Escolástico Galvis y luego a Anatolio Álvarez; y de la carretera hacia el occidente eran de don Francisco Möller Cote.

Durante el tiempo en que Pacho estuvo estudiando en el seminario, le administró la hijuela su tía doña Hermencia Cote. Ella inició la formación del caserío vendiendo algunos lotes en los que se construyeron las primeras casas (Julio y Crisanto Pinzón, Luis Pita, Natalia Morales, Baldonmero Guerrero y lo que posteriormente se llamó Villálvarez).

Por esas calendas, don Pacho, como era llamado cariñosamente el señor Francisco Möller Cote, aprovechó su entrañable amistad con el padre Luna Serrano para hacer una invitación a monseñor Rafael Afanador y Cadena, obispo de la Diócesis de Pamplona, a conocer lo que existía de La Donjuana y para proponerle estudiar la posibilidad de crear una parroquia, ya que se reunían las calidades para el efecto y se estaba a mucha distancia de las parroquia vecinas.

El obispo estudió la petición y es así como por Decreto Diocesano #143 de octubre 26 de 1930  se creó la nueva parroquia que tuvo como patrona a Santa Teresita y como titular a Cristo Rey.

Dentro de los límites establecidos por la Diócesis para la parroquia de La Donjuana se tomó la desembocadura de la quebrada Tascarena en el río Pamplonita en línea recta hasta el cerro El Compás, con lo cual quedó por fuera de ella una gran parte de la hacienda de La Garita, más concretamente el sector de la hacienda Mutis Daza.

Don Pacho y su hijo Guillermo pescando en el río Pamplonita

Ante esto, los vecinos de la citada hacienda, compuestos en su totalidad por empleados, administradores, trabajadores, obreros, conuqueros (que así se llamaba a los amedieros o amediasqueros) se presentaron en la primera visita que hizo el obispo a la nueva parroquia, en cabalgata de más de cien jinetes que causó muy grata sorpresa e impresión en el pastor, para pedir que fueran anexados a la parroquia recién creada ya que para ellos era más fácil venir a La Donjuana que ir a Villa del Rosario.

Monseñor Rafael Afanador y Cadena atendió la petición y por medio del Decreto Diocesano #168 de agosto 10 de 1931 reformó los límites de la parroquia de La Donjuana anexando toda la hacienda de La Garita, como lo habían solicitado los vecinos de dicha empresa agropecuaria.

Valga recordar que ya por esos años participaba en la administración  de la hacienda Mutis Daza el señor Walther Camilo Cámaro Mutis, mi padre, cuya influencia sobre la gente de La Garita (por ser hijo del dueño, don Camilo Mutis Daza, y su parentesco con Pacho Möller, pues éste había casado con su tía Ana Anunciata) hicieron posible que se tramitara la solicitud de vinculación a la parroquia La Donjuana.

La Garita era una empresa agropecuaria integrada por tres grandes haciendas a saber: Guaramito con trapiche y cañadulzales capaces de producir 3.000 cargas de panela al año; Hato Alicia, que estaba dedicada a la cría, levante y engorde de ganado: unas 2500 cabezas; La Mutis Daza con capacidad para procesar de 2.000 a 3.000 cargas de café al año. Tenía, además, la reserva forestal e hídrica, muy bien cuidada, del cerro de La Vieja. Igualmente contaba con una muy cómoda casa como sede de la gran hacienda que es en donde hoy funciona el Amparo de Niños. 

Como decía al principio, entre los años de 1926 y 1930 vinieron a La Donjuana a hacer oficios religiosos los sacerdotes Héctor Guevara y Joaquín Luna Serrano, quien fue con don Pacho, el artífice de la creación de la parroquia. En efecto, en una de las reuniones sociales que se dio luego de la celebración de la misa y con la presencia de muchos feligreses alebrestados por las palabras del padre Luna Serrano, éstos entusiasmaron a don Pacho para que regalara un pedazo de su tierra para construir una capilla.

Templo Parroquial de Cristo Rey, La Donjuana


Esto hizo don Pacho y ofreció que, tan pronto cortara la caña que estaba casi lista para moler, regalaría el terreno en el que hoy está la iglesia, la casa cural, los resteros y el gran solar o patio. Tan pronto se hizo el corte de la caña y su molida, se procedió a construir un tambo en madera rolliza y paja para que a partir de 1929 se empezara a celebrar la misa en dicho lugar.  

Por el mismo decreto de creación de la parroquia de La Donjuana se nombró como párroco al padre Evaristo Peinado, quien llegó al caserío y fue acogido en la casa de don Pacho y atendido con esmero y mucho cariño por la distinguidísima matrona doña Rosita Contreras de Pinzón, viuda ya de don Julio Pinzón y madre de otro gran personaje muy vinculado a la creación de la parroquia, como lo fue don Crisanto Pinzón Contreras.

El padre Peinado se dio a la tarea de cambiar el tambo existente y construir una modestísima pero hermosa iglesia de madera de muy buena calidad, cañabrava, teja de barro y pisos en cemento. Igualmente construyó una amplia y hermosa casa para que sirviera para vivienda del cura párroco y de los ilustres visitantes que nos hicieran  el honor o el sacrificio de venir a La Donjuana.

No se recuerda la fecha de inauguración de la Iglesia que construyó el padre Peinado, pero sí es cierto que la dedicación y capacidad de trabajo del citado sacerdote, es ejemplar, ya que le tocó una época especialmente difícil teniendo en cuenta que éste era un fortín de la iglesia protestante que tenía aquí un pastor gringo y una gran cantidad de seguidores. Es, también, bueno recordar que ante esas dificultades contaba con el apoyo permanente de don Francisco Möller, de doña Rosita de Pinzón y su familia, de don Josué Canal y su gente de La Selva y de la gente de La Garita. 

Una vez que el padre Peinado llegó a La Donjuana expuso la necesidad de un cementerio para lo cual también don Pacho regaló parte del terreno del actual camposanto que años después incrementó don Lisímaco Laguado.

Aprovechando el entusiasmo del recién nombrado párroco y de la feligresía, se organizó un bazar para recoger fondos al cual asistió como era su costumbre el distinguido caballero don Josué Canal González, dueño de la hacienda de La Selva, por compra que le hiciera al general Ramón González Valencia, su pariente, y al calor de unos tragos insinuó a don Pacho que regalara un predio para que se le diera forma de pueblo a La Donjuana.

Don Pacho con su esposa Ana Cámaro Rivera y sus hijos Guillermo, Nelly y Lydia

Don Pacho que era progresista, filántropo, generoso y muy desprendido, respondió que con mucho gusto lo hacía siempre y cuando otro u otros se sumaran a la idea. Don Josué ofreció que él regalaba una parte si éste se la vendía, lo cual se dio como un hecho, que se rubricó por escritura para protocolizar la venta de un pedazo de lo que hoy es el parque y que antes fue la cancha de fútbol.

Así pues don Josué Canal compró la mitad de lo que es el parque, que en ese momento era un cañadulzal; Don Pacho se reservó lo que hoy es la calle que va desde la policía hasta la esquina de don Crisanto Pinzón, limitada por el andén. Nunca se supo con qué objeto hizo esta reserva de dominio, si nunca hizo valer su propiedad.

Hay que resaltar que las calles de La Donjuana también fueron cedidas por el gran benefactor de La Donjuana.

Posteriormente Francisco Möller Cote vendió sus propiedades y fue un reconocido miembro del Partido Conservador en la región, ocupando puestos importantes en el gobierno departamental, como por ejemplo fue gerente de la Telefonía de Norte de Santander y fue titular de la Secretaría de Hacienda Departamental en el gobierno de Oscar Vergel Pacheco. Además fue notario en la ciudad de Pamplona.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

No hay comentarios:

Publicar un comentario