viernes, 14 de octubre de 2011

15.- EL HOTEL TONCHALA I

PARTE I/II

Gerardo Raynaud

El decenio de los años cincuenta se caracterizó en Colombia por la construcción de los grandes hoteles, especialmente en las ciudades del interior del país, toda vez que en la costa atlántica, por razones obvias, la hotelería había tomado ventaja en este aspecto. El Hotel del Prado en Barranquilla y el Caribe en Cartagena fueron pioneros y aún hoy prestan sus servicios con el mismo esmero y dedicación de entonces. El inicio de la modernidad, la apertura de las rutas aéreas con la recién transformada Avianca y la privilegiada situación geográfica como que fuera la entrada a Suramérica hacían atractiva la visita al país. De ahí la necesidad de ofrecer a los turistas las comodidades propias de su condición y por tal razón se fueron construyendo los hoteles de primera categoría – no existía aún la clasificación por estrellas- en Bogotá el Tequendama, en Medellín el Nutibara, el Bucarica en Bucaramanga y dos en Cali que fueron el Alférez Real y el Aristi. Entre tanto en Cúcuta se gestaba la creación de un hotel de las mismas características con la activa participación de los gobiernos nacional, departamental y municipal quienes aportaron alrededor del noventa por ciento de la inversión inicial.

La sociedad Hotel Tonchalá S.A. se constituyó con los aportes, en acciones, de las siguientes personas:

- La Nación $1.650.000
- Departamento N. de S. $400.000
- Municipio de Cúcuta $200.000
- Accionistas particulares $338.100

Entre los accionistas particulares se destacaban la compañía Capitalizadora Bolívar y don Gabriel Vega Lara. Incluyo este último nombre para resaltar un hecho generoso de su parte al donar la suma de $10.000 en acciones a la Fundación Barco, en ese momento dedicada a la prestación gratuita de los servicios de atención materno infantil a las personas de menores recursos de la ciudad.

Creada la sociedad, se le encomendó el diseño de los planos y de la arquitectura en general a la compañía Cuellar, Serrano, Gómez Ltda. la empresa de ingeniería y arquitectura más grande del país, radicada en Bogotá y su construcción a la firma ASICON Ltda. en el año 1955. La junta promotora dirigió la obra hasta la designación del administrador en Julio de 1956 recayendo la designación sobre el italiano Mario Stratta. El edificio construido se proyectó en una planta de siete pisos con dos ascensores Otis, fachada de granito y piedra, cien habitaciones con aire acondicionado, piscina con planta de tratamiento de aguas, planta eléctrica de emergencia, parqueaderos y jardinería, todo un lujo para la comodidad de sus huéspedes. Al municipio se le solicitó la adecuación y el arreglo de las vías de acceso así como el embellecimiento del parque Amelia situado frente al hotel y en esa época también frente al Reformatorio de menores Rudesindo soto. La obra negra se terminó en el primer trimestre de 1956 y durante los meses siguientes se estuvo dando los últimos toques de manera que se pudiera dar al servicio antes de terminar el año. El presidente de la Junta Directiva Miguel García-Herreros estuvo acucioso durante los días previos al nombramiento del administrador para que se pudiera iniciar con pie firme la actividad y éste tuviera todas las herramientas que le permitieran desarrollar con éxito su tarea. Terminada la construcción vino la etapa complicada de la dotación ya que por entonces muchos de los requerimientos eran importados y para ello se requería de las licencias que el gobierno no estaba en disposición de otorgar debido a la escasez de divisas y a las dificultades propias de la época.
 Afortunadamente nuestra situación de frontera nos permitía conseguir algunas “cositas” en San Antonio y Ureña y que como iban con destino a una obra de gobierno, pues no se le ponían tanto obstáculo. Simultáneamente se fue contratando el personal necesario para el manejo de sus instalaciones mediante avisos colocados en el principal diario de la ciudad. Se leía en estos avisos: Se necesita Secretaria Gerencia y señorita para la recepción; hombres para porteros, ascensoristas, botones y vigilancia de piscina (requisito: saber nadar); mujeres para lavandería, planchado y para la ropería. Personas para la cocina y el lavado de loza. Toda la demanda de personal sumaba 33.

Entre agosto y septiembre de 1956 se barajaron varias fechas de apertura pero finalmente, la junta directiva reunida el viernes 14 de septiembre, fijó como fecha de inauguración el festivo 12 de octubre. Se cursaron las invitaciones a las más altas esferas del poder incluido el Presidente de la República quien se excusó pero que prometió oficializar la apertura tan pronto su agenda se lo permitiera como efectivamente sucedió.

El último acto previo al inicio de las actividades fue la llenada de la piscina, operación que duró cinco días y cuya puesta a punto generó muchas expectativas debido a la novedad, tanto en el diseño como a la tecnología que por primera vez se aplicaba en la ciudad.




Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

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