jueves, 27 de octubre de 2011

86.- MEMORIAS BARRIO LA MERCED I

PARTE I/III
Orlando Clavijo T.
En estos días asistí al funeral de doña Ana Romelia Santos de Fernández, antigua habitante del barrio La Merced por el año 1970 cuando mi padre se radicó allí. Se trataba de una ocasión para acompañar de corazón  a queridos amigos y vecinos de antaño, para saludar a otros tantos perdidos en el tiempo y la distancia y para recordar gratos momentos en que los de mi generación éramos padres jóvenes y llegábamos al hogar solariego con el alboroto de los nuevos retoños.
   
El barrio aún lucía nuevo pues había sido fundado en 1957; algunas casas conservaban  la placa del Instituto de Crédito Territorial – ICT- , entidad que las había construido con las técnicas modernas y avanzadas de entonces, confortables y con generosas zonas llamadas antejardín – frente a la entrada – y espacios igualmente exteriores para la ornamentación vegetal en donde daban sombra los almendros, florecían mirtos, exoras, alejandrías, cayenos y rosales, y brindaban sus frutos los guayabos y los limoneros.
   
A mi padre le costó la casa $ 142.000, asumió la deuda de su vendedor don Josué Niray Cuervo, y remiso a deber,  al poco tiempo se cansó de ir al Banco Central Hipotecario  a pagar las cuotas mensuales de $ 500, aproximadamente,  y decidió cancelar de una sola vez.
   
Reinaban la armonía, el respeto, las buenas maneras – como saludar cálidamente y pedir un favor con suma decencia -, la disciplina, la pulcritud,  la sana alegría y  la religiosidad (en un principio se pertenecía a la parroquia de Sevilla y posteriormente se edificó con recaudos de bazares realizados hasta en el parque Santander, la original iglesia, pequeña y modesta, convertida hoy en una bodega y ubicada frente a la sede de una empresa de taxis, y luego, por los años 80, a pocos pasos se levantó el hermoso templo del Santísimo Redentor, regido por la comunidad de los misioneros redentoristas, en donde se brinda especial culto al Señor de los Milagros de Buga.
   
La unión de los vecinos era ejemplar. Una noche, por ejemplo, un ladrón intentó asaltar alguna residencia; el primero que advirtió al maleante fue don Arturo Mogollón – ex  tesorero del departamento -, y ni corto ni perezoso, y como correspondía a un heredero del valiente general Pastor Mogollón,  de Herrán, combatiente en la guerra de los Mil Días, quemó un par de tiros de revólver; sonaron de inmediato en el contorno innúmeras  armas como en ráfagas, de modo que el bandido tuvo que huir precipitadamente ante  la atronadora balacera.
   
Ya no quedan virtualmente en el barrio familias de aquella época, todas de prestigio y honorabilidad, de trabajo y virtudes patriarcales. La mayoría buscó otros lugares y buena parte de aquellos matrimonios ha fallecido.

No hace mucho no se hablaba en Cúcuta de comunas sino simplemente de barrios. Las Juntas de Acción Comunal, todavía no politizadas como ahora, se encargaban del embellecimiento y la atención en los servicios públicos, misión que en el barrio La Merced la cumplía su junta a cabalidad, con plena aprobación de todos.

La Merced pertenece actualmente a la Comuna Cinco. Tiene por colindantes los barrios Lleras Restrepo, Sevilla, Juana Rangel de Cuéllar y Pescadero. Se asoma por el Juana Rangel de Cuéllar a la diagonal Santander, y dista del centro de la ciudad no más de diez cuadras. A cuatro cuadras está la Terminal de Transportes Terrestres.

Regresando al pasado digamos que el barrio era pequeño, tal vez de unas diez cuadras; hoy puede llegar a las veinte cuadras. En cuanto a sus antiguos habitantes recordamos a Pedro Fernández y su esposa Romelia Santos; Genoveva viuda de Mora,  cuyas hijas cantaban como ángeles;  la familia Castro;  miembros del clan García Herreros; Luis Felipe Dávila y su esposa Ana – Luis Felipe era periodista; había sido compañero de mi padre en el servicio militar en tiempos en que el Batallón Santander estaba instalado en terrenos en donde funcionó hasta hace poco el mercado Los Cocales -; la familia de Leonardo Latorre, de Lourdes; Saúl Ojeda y su señora Edith; Arturo Mogollón y su esposa Cosmelina; el apreciado  pariente Pedro Julio Vila Clavijo y su esposa Gilma Casado; el doctor Luis Enrique Conde Girón – ex magistrado y veterano periodista que escribía con el seudónimo de Buziraco -, y su esposa Ernestina – doña Tina -, directora y dueña del liceo del barrio; Juan Sanabria; la familia Klausen, alemanes, una de cuyas hijas, alta, rubia y de ojos verdes, ganó un concurso justamente por la hermosura de sus ojos y fue modelo de la revista Cromos, el sueño de todas las jóvenes en aquel momento; Gonzalo Moreno y su esposa Josefa;  la familia Duarte y la de Crisanto Calixto; Donaldo Molano y su cónyuge Ligia Arteaga; los Ovallos; Celemín Cárdenas; Eustasio Mantilla Yáñez, de Gramalote; el periodista Montegranario Sánchez- director de Sagitario -; el sargento mayor Eduardo Leal Peñaranda – veterano de la guerra de Corea – y su esposa Aracely;  Luis Acevedo, el doctor Léntulo Ruiz Carvalho, Miguel Suárez, Jaime Cárdenas y la familia Wilches.




Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

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