viernes, 14 de octubre de 2011

23.- UN VISTAZO AL SECTOR DE LA SALUD EN LA CUCUTA DE MEDIADOS DE LOS CINCUENTA

Gerardo Raynaud

En este segundo vistazo nos transportaremos a comienzos de la segunda mitad de los años 50 y daremos una rápida ojeada a nuestros profesionales de la época y a uno que otro detallito de la sociedad de entonces.

La lista de profesionales no era tan extensa ni tan nutrida como lo es hoy al punto que profesionales de otras ciudades se daban el lujo de ofrecer sus servicios tanto en la ciudad como en su domicilio de origen; pero antes de comenzar les quiero solicitar a mis lectores que cualquier omisión en el nombre, la especialidad, la actividad o cualquier otro detalle que sea de interés y que bien por olvido o desconocimiento no se mencione, me informen a la dirección de correo que encabeza el artículo. Trataré, si es el caso, incluir la mención correspondiente en una próxima crónica.

Comencemos por el sector de la salud cuyo epicentro era el hospital San Juan de Dios (así se llamaba el hospital principal en casi todas las ciudades colombianas) y lo que pocos saben es que los terrenos fueron donados en el siglo XVIII por don Manuel Antonio Fernández de Novoa con la finalidad específica que allí se construyese un hospital. Hoy queda allí la magnífica biblioteca departamental Julio Pérez Ferrero, lo que no logro imaginarme fue cómo se surtió el cambio de destinación si la donación tenía su objetivo particular que el donante estableció por razones más humanitarias que económicas. Pero bueno, eso es historia, pues había otros centros clínicos y hospitalarios como la Fundación Barco especializada en atención ginecológica, obstétrica y pediátrica, todavía en el mismo lugar; el hospital antituberculoso Amelia en el barrio Loma de Bolívar, hoy cerrado, el hospital mental Rudesindo Soto todavía en servicio y algunas clínicas privadas como la clínica Santa Ana situada en la calle 16 entre avenidas tercera y cuarta y la clínica Gelvis Sáenz ubicada en la avenida séptima 8-66, establecimiento especializado en atención oncológica y cuyo propietario, médico Miguel Roberto Gelvis Sáenz, aún atiende una clínica similar en la ciudad de Bogotá. Este médico fue polémico prácticamente desde que inició su actividad profesional y en varias ocasiones estuvo en el centro de las controversias públicas al parecer por ciertos recelos en cuanto a los procedimientos utilizados en su clínica en la que pregonaba que curaba el cáncer con un “extracto de jugo gástrico de gallinazo”. En septiembre del año 1958 se trenzó en una agria polémica con el reconocido empresario Pedro Felipe Lara, caballero de larga trayectoria empresarial en la región y luego de varias escaramuzas retóricas el asunto se diluyó en el olvido. Lo cierto es que las presiones ejercidas por la sociedad de entonces coparon la paciencia del famoso doctor quien optó un buen día por abandonar la ciudad y trasladar sus macondianas recetas a la capital.

Pero veamos quienes eran los médicos que nos atendían independientemente de la EPS, IPS, ESE y demás que en ese momento no existían. Entre los médicos cirujanos y generales estaban los doctores Alberto Borda Roldán quien posteriormente dejó la práctica al ser nombrado primer director regional del Sena; Manuel A. Sanclemente famoso por su  extraordinario apetito y por lo tanto, por el volumen de su abdomen. De él tomó su nombre la reconocida “carne a la Sanclemente” que se preparaba inicialmente en el restaurante Don M y luego se popularizó en el Chez Esteban; la razón era que cada vez que el médico visitaba el restaurante le pedía al dueño que le preparara el plato “para él”, es decir, con la suficiente abundancia para que quedara satisfecho.

Otros profesionales de la medicina general reconocidos eran Francisco Durán Prada cuyo consultorio de la avenida sexta 15-21 se veía atestado de pacientes, Juan Agustín Ramírez Calderón, Rafael Marcucci Castro, Mario Mejía Díaz quien ha institucionalizado en su casa redoda de Chinácota las tertulias, Alberto Duarte Contreras y Carlos Ardila quienes además de su labor médica brindaban sus servicios sociales y políticos y tantos otros que por la brevedad de la crónica me es imposible nombrar.

Otros especialistas que aún sobreviven como Jorge Uribe Calderón, Hernando Villamizar, Mario Díaz Rueda, y Julio Coronel Becerra son testigos excepcionales de esa época y que deben tener multitud de anécdotas que contarnos. Algunos que ya no están entre nosotros como Musa Brahim Sus, Carlos Vera Villamizar, Luis Alberto Mieles Clavijo, Félix Conde Salcedo, Alirio Sánchez Mendoza, Jorge Mendoza Escalante, cada uno en su respectiva especialidad les brindaban a sus pacientes las esperanzas de sanación que anhelaban.

Algunos profesionales de la medicina venían de otras ciudades, especialmente de la capital,  como los doctores Jorge E. Gómez Giraldo neurocirujano y psiquiatra, Adolfo Vivas Arellano quien se trasladaba desde la ciudad de San Cristóbal y durante unos años estuvo atendiendo a sus pacientes en el recién inaugurado Hotel San Jorge, el doctor Jaime Kelber, dermatólogo;  la consulta tenía un costo de $20 que no era propiamente una tarifa económica.

Por esa época los servicios de laboratorio no eran adecuadamente fáciles de obtener así que muchas de las muestras debían remitirse a Bogotá para su análisis, sin embargo, la doctora Nhajibe A. de Ramírez  tenía su propio laboratorio en la calle 9 No. 4-81 y los médicos y pacientes se comunicaban con ella marcando el 37 96.

Cerramos esta crónica con el complemento necesario a todo evento médico, la droguería o farmacia. Argumentan quienes tuvieron la fortuna de vivir esos momentos que la más reconocida de ellas era la Droguería Zulima de don Pacho Pérez, situada en la avenida séptima 9-09 frente al casino Berti. Claro que la estrategia para posicionarse como la más popular fue simple, la droguería obsequiaba a los médicos los talonarios en las que escribían las prescripciones médicas y como es de suponer la dirección figuraba al final de la receta. Claro que no faltaban las tradicionales como la Botica Ruiz la más famosa por sus fórmulas originales como el Alicebral Ruiz Neovita y otros de la autoría de su propietario el farmaceuta Victor M. Ruiz a quien estoy seguro le sirvieron de mucho sus propias medicinas pues vivió lúcido 106 años y aún lo recuerdo manejando su Renault 12 break azul habiendo pasado la edad centenaria.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

1 comentario:

  1. Pregunta ? de porcasualidad la esposa del Doctor Miquel Roberto Gelvis Saenz tenia el nombre de juanita ? o si tiene una hija con el nombre de Eleonor Gelvis ?

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