lunes, 10 de octubre de 2011

5.- RECUERDOS DE MI CIUDAD II

PARTE II/IV

Carlos Eduardo Orduz

La historia no es para repetirla sino para aprender de sus errores y no caer en ellos.

Cúcuta, por ser puerto terrestre, siempre ha contado con gran cantidad de dinero circulante, especialmente en épocas de crecimiento económico en Venezuela. La diversión, que forma parte de la idiosincrasia de todas las sociedades, encuentra en las fronteras  terreno fértil para el ejercicio de la prostitución. Los gobiernos, que permiten los prostíbulos por políticas sociológicas, han logrado que Cúcuta no sea  la excepción. Nuestra ciudad, a este nivel, también tuvo su estilo propio.

1. En la avenida primera con calles 13 y 14, hoy entrada principal de la Biblioteca Departamental, existía “El centro antivenérico”, lugar donde un médico epidemiológico atendía y revisaba a las mujeres que comerciaban con sus cuerpos. Las filas de mujeres los días martes y viernes en aquél lugar eran largas. Las que más dinero ganaban llegaban en taxi. Esto no era un secreto en la ciudad, ya que se repetía semana tras semana. Después del examen les daban un carné antivenérico epidemiológico por parte de la Secretaría de Higiene y Sanidad que las acreditaba como libres de enfermedades infectocontagiosas. Una vez obtenían este carné podían ejercer su oficio, ya que los inspectores de sanidad se lo exigían cuando visitaban los prostíbulos para extorsionarlas.
  
2. Creo que nuestra ciudad  era la única en el mundo que tenía delimitadas las zonas de tolerancia en dos: una para los que contaban con buenos recursos económicos y los turistas que venían a lo que hoy se conoce como “Turismo sexual”, y que estaba ubicada en la Ínsula, por El Salado, donde las damiselas eran hermosas y elegantes, casi siempre traídas del interior del país. Allí existían lugares muy bien decorados y lujosamente dotados y sólo expedían licores, whisky, brandy y rones extranjeros; gozaron de renombre la “Casa de las Muñecas”, “El Campestre”, “La Negra María”, “La Campesina” y “Los Barreto”. Sobresalían los grandes avisos de neón a colores como en Las Vegas, Estados Unidos. Muchos notables cucuteños manifestaban que se iban de caza y pesca, pero hacían su parada en la Ínsula y al otro día compraban en el mercado, guartinajas, chigüiro, faras, un pescado grande o sarta de rampuches para presentarlos en la casa como trofeo de la casería realizada.

3. La otra zona era la que partía del inicio del camellón del Cementerio Central hasta la subida de la carretera que llevaba a los pueblos de occidente. Casi todas las casas eran cantinas o burdeles, la excepción la constituían un colegio que era atendido por unas monjitas de la caridad. Qué contradicción, en plena zona de prostitución, un establecimiento educativo. Por esta razón hubo problemas, pues la Secretaria de Educación exigía que los docentes fueran titulados y las monjitas carecían del diploma respectivo y les querían quitar los cupos de maestros que le habían asignado. Todas las damiselas hicieron marcha de protesta frente a la gobernación con pancartas y acompañadas de todas las alumnas y alumnos.

4. Además de las zonas antes descritas, también existían casas de citas y residencias que prestaban habitaciones por horas, o lo que hoy se denominan moteles. Entre la casa de citas famosas estaban: la ubicada en la calle 7 con avenidas 12 y 13; la de la  avenida 5 con calles 5 y 6; la de la calle 12 con avenidas 13 y 14 del barrio El Contento; la de la avenida 6 con calles 2 y 3. Entre las residencias más nombradas y visitadas estaban la “Santa fe” en la avenida 6 con calles 13 y 14; “Residencias la 14” entre las avenidas 7 y 8. En el Barrio San Luis, el homosexual Antonio tenía mujeres muy hermosas y su atención con delicadeza a su innumerable clientela, aumentaba la asistencia.

5. Los petroleros en los prostíbulos de la ciudad encendían los cigarrillos con billetes de su salario. El verbo ‘putare-putatis’ del latín fue muy utilizado en Cúcuta, ya que a las mujeres de vida alegre, las denominaban putas y a los hombres que gustaban mucho de los placeres sexuales, los apodaban de putos. Otra clase de personajes en la ciudad la constituían aquellos que para mostrar hombría y machismo, se daban el lujo de tener novia, esposa, amante y moza. No me explico cómo si en el matrimonio es difícil una, ellos podían con cuatro. Eran los ‘machomanes’ de la época.

6. Entre los ‘metederos’ célebres se encontraba el San Juan, situado en la carretera vieja hacia San Antonio, lugar donde se refugiaban los amantes para sus citas amorosas, pero una vez los amigos de lo ajeno les jugaron una mala pasada, cuando encerraron a los visitantes, les robaron todo su dinero, joyas, relojes y carteras, y hasta la ropa. Muchos de los afectados fueron notables personajes de Cúcuta, quienes tuvieron que salir a buscar ayuda en paños menores, pues les cortaron las comunicaciones y hasta las baterías de los carros, para así los ‘choros’ huir fácilmente. Por ese hecho no se presentaron denuncias por temor a ser el ridículo de la ciudad.

7. En la avenida hacia el Aeropuerto, fue famosa la “Casa de las Pereiranas” en las laderas de Sevilla; muchos ‘lengüilargos’ y chismosos manifiestan que allí asistían mujeres casadas y estudiantes.

8. En la avenida 7 con calles 3 y 4 existió ‘El Partenón’, sitio especializado en espectáculos de nudismo o ‘striptease’. Todas las noches se llenaba el recinto y los asistentes les tiraban billetes a las mujeres cada vez que se quitaban una pieza de su ropa. Tenía bailadero y servicio de alcoba.

Cuentan, manifiestan, relatan, los habitantes más antiguos de la ciudad que donde existe el monasterio de clausura de las “Monjas Clarisas”, en la calle 17 cerca del Perpetuo Socorro, existió el mejor de los sitios para el goce de los placeres del sexo, llamado “King Kong”. Allí funcionó una Clínica para enfermos de tuberculosis fundada por el doctor Santiago Uribe Franco. Este inmueble albergó a la Escuela Urbana Padilla, el Colegio Nariño y la Escuela Nacional de Comercio.

9. Fue famosa por su burdel en pleno centro de la ciudad “La Sorda”, ubicado en el pasaje de la calle 13A con avenida 8.
Tiempo después y en un ambiente más moderno apareció el ‘nigth club’ “Rumichaca”, queriendo retener en el camino de la autopista a San Antonio a los rumberos que venían de Venezuela.


Recopilado por : Gastón Bermúdez V.



1 comentario:

  1. Buenos días. Tengo una inquietud: ¿la ínsula fue zona de tolerancia aproximadamente entre qué años? Gracias.

    ResponderEliminar